© Diócesis de Nuevo Laredo A.R. 2010
Escrito por Mons. Gustavo Rodríguez Vega Viernes, 01 de Octubre de 2010 12:32
Rosario por la Paz
En la exhortación pastoral “Que en Cristo nuestra paz, México tenga vida digna” los Obispos de México
hemos señalado la importancia de la oración por la paz, destacando entre las formas de oración el rezo del
Rosario de la Virgen María.
“Oramos también por la paz con la devota oración del Rosario de la Virgen María, a quien invocamos como
Reina de la Paz; Ella, fortalece los vínculos fraternos, alienta a la reconciliación y al perdón” (No. 238).
Al rezar el Santo Rosario, vamos considerando los misterios de nuestra salvación. “Misterio”, en su sentido
etimológico, significa plan, y en el lenguaje cristiano la paz es un elemento fundamental del plan de Dios, “que
quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1 Tim. 2, 4). La Iglesia
anuncia el mismo Reino de Dios que Cristo vino a anunciarnos, ese Reino “que no es comida ni bebida, sino
justicia y paz, y gozo en el Espíritu Santo” (Rom. 14,17).
En este Rosario por la paz, siguiendo la indicación de la Virgen María “hagan lo que él les diga” (Jn 2,5) nos
pondremos a la escucha atenta de la Palabra de Dios, reflexionándola desde la perspectiva de la
construcción de la paz e iremos desglosando en cada misterio los compromisos que los Obispos de México
nos hemos propuesto para esta tarea.
Todos los discípulos misioneros de Jesús en esta nación estamos llamados a asumir esos compromisos del
episcopado mexicano, y a hacerlo, siempre con la disposición de colaborar con todos los hombres y mujeres
de buena voluntad que se esfuerzan porque haya condiciones de vida digna para todos los habitantes de
nuestra patria.
En el Santo Rosario tradicionalmente meditamos en los misterios de la encarnación, vida, muerte y
resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Ahora, en este Rosario invitamos a meditar en Cristo, nuestra paz
(Cf. Ef. 2,14), en la paz que Cristo nos vino a ofrecer (Cf. Jn. 14, 27; 20, 19-21) y en la paz que Cristo nos
manda ofrecer en el saludo, en la predicación y en el perdón (Cf. Mt. 10, 12-13; Jn, 20, 22-23).
La paz es misterio, porque es parte del plan de Dios para nosotros. Pongamos nuestros compromisos en
manos de María, nuestra Madre, para que por su Hijo, el Padre los acepte y lleve a feliz término.
+Gustavo Rodríguez Vega
Obispo de Nuevo Laredo
Presidente de la Comisión Episcopal para la Pastoral Social