© Diócesis de Nuevo Laredo A.R. 2010
Mensaje de los Obispos a los sacerdotes,
seminaristas y a todo el pueblo de Dios.
“Vivan de acuerdo a la vocación que han recibido” (Ef 4,1)
1. Los Obispos de México, reunidos en Asamblea Plenaria,
les saludamos con afecto, y deseamos para ustedes la
alegría y la paz de Cristo resucitado. En las condiciones
difíciles que vivimos de pobreza, inseguridad y violencia, el
Señor Jesús, vencedor del mal y de la muerte, nos da la
certeza de que con la verdad y la justicia, la libertad y el
amor, podemos constituir una patria mejor.
2. La crisis actual que experimenta la sociedad mexicana ha
quebrantado muchos de los valores y virtudes que la han
distinguido como un pueblo pacífico y religioso. En la medida
que se ha desarrollado el egoísmo, como un estilo de vida,
surgen como consecuencia la desintegración familiar, la
búsqueda desenfrenada de poder, placer y riqueza, la pérdida
del respeto a la vida de las personas incluso desde antes de
su nacimiento, el crecimiento de grupos criminales y la
frustración frente a la impunidad. Ante esta situación, los
discípulos de Jesús, especialmente los llamados al
sacerdocio, hemos de ser testigos creíbles de la Buena
Nueva, para transformar la realidad y hacer presente el Reino
de Dios.
3. En esta XCI Asamblea Episcopal con el lema “Formación de los discípulos pastores para el
México de hoy”, hemos reflexionado acerca de la realidad de los presbíteros y seminaristas en
nuestra nación, para alentar el esfuerzo cotidiano que exige su formación y ministerio, de cara a la
Misión Permanente que todos estamos llamados a realizar.
4. Constatamos y valoramos que la mayoría de los presbíteros se entregan permanentemente a la
atención pastoral de sus comunidades, siendo en medio de ellas hombres de comunión, misión y
diálogo. Apreciamos profundamente el heroísmo, con el cual muchos sacerdotes, así como personas
consagradas y laicos comprometidos, han mantenido su servicio pastoral, aún a riesgo de su vida, en
regiones fuertemente golpeadas por grupos criminales. Con la predicación del Evangelio del perdón y
de la paz, de la vida y del progreso, del esfuerzo y de la generosidad, los sacerdotes han contribuido
notablemente a la construcción de nuestro pueblo. Les agradecemos su entrega generosa. Dios
escribirá sus nombres en el Libro de la Vida. También, con humildad y dolor, reconocemos las fallas
en la vida y en el ministerio sacerdotal. Todos nos reconocemos necesitados de conversión personal y
pastoral, a fin de ser pastores muy sensibles al sufrimiento que vive el pueblo. Queremos también
acercarnos caritativamente a las víctimas de esta crueldad inhumana a semejanza de Cristo, el Buen
Pastor.
5. Saludamos con alegría y entusiasmo a todos los alumnos de nuestros seminarios, porque, llamados
por Cristo, han elegido consagrarse al servicio de Dios y de sus hermanos, y los invitamos a aceptar
con gozo los esfuerzos y renuncias que exige su proceso formativo. La vocación es un don de Dios
que compromete a toda comunidad, particularmente a la familia creyente, pues en ella se cultivan los
valores de la entrega de sí mismo, del servicio, de la generosidad y de la práctica de la fe. Por lo cual
animamos los esfuerzos pastorales dirigidos a consolidar a las familias cristianas en la unidad y en la
vivencia de la fe.
6. El proyecto actual de la Iglesia en América Latina nos apremia a fortalecer la formación durante los
años en el Seminario y la continuación durante el ministerio, como un discipulado continuo, que
permita al llamado que aspira al sacerdocio, la madurez adecuada a cada etapa de su formación. Sólo
entonces, nuestro fruto será abundante y permanente (cf. Jn. 15, 16).
7. Como padres y amigos de los sacerdotes, los obispos queremos propiciar la fraternidad solidaria en
nuestros presbiterios, para que en este ambiente familiar nos ayudemos mutuamente a vivir y crecer
en nuestro ministerio. Con este mismo espíritu queremos atender con especial cuidado a aquellos
hermanos presbíteros y diáconos que enfrentan situaciones delicadas en su vida o en su labor
pastoral.
8. Invitamos a todos los sacerdotes a que asuman la formación integral, como un proceso constante
que debe vivirse cada día y que no puede reducirse a actividades aisladas. Hemos de impulsar
nuestro encuentro cotidiano con Jesús, a través de la oración, de la lectio divina, de la Eucaristía y de
la reflexión del propio ministerio, para transparentar a Cristo, Buen Pastor, en la caridad pastoral.
9. Reconocemos la importante labor de los formadores de nuestros seminarios, y los invitamos a
continuar prestando este valioso servicio pastoral a la Iglesia, asumiendo y aplicando las nuevas
orientaciones formativas, que conducen al compromiso pastoral y la búsqueda de la formación
permanente. Los exhortamos para que como discípulos de Cristo sigan acompañando a los alumnos
con cercanía, buscando siempre los mejores recursos pedagógicos, para introducirlos en la comunión
con Dios, en el desarrollo humano, en el cultivo de la inteligencia y de la creatividad pastoral.
10. Con ocasión del 60º aniversario de la ordenación sacerdotal de SS Benedicto XVI, les invitamos a
ofrecer una “Corona de Oración” ante Jesús-Eucaristía, en gratitud a Dios por su vida y servicio
sacerdotal. En tanto, hagamos más ferviente nuestra súplica al Señor, para que envíe operarios a Su
mies, y mediante el don del Espíritu, sostenga el esfuerzo de los llamados y nos de congruencia a
quienes nos hemos ya consagrado a Su servicio. Que la Santísima Virgen María, Madre de los
sacerdotes y modelo de disponibilidad, alegría y fidelidad, nos auxilie y nos aliente a mantenernos
firmes en el proceso de nuestra formación y en la entrega sacerdotal, con el gozo y gratitud del
Magnificat.
Lago de Guadalupe, Cuautitlán Izcalli, Edo. de México, junio de 2011.
Por los Obispos de México
+ Carlos Aguiar Retes
Arzobispo de Tlalnepantla
Presidente de la CEM
+ Víctor René Rodríguez Gómez
Obispo Auxiliar de Texcoco
Secretario General de la CEM